Discerniendo el Cuerpo de Cristo PDF Print E-mail
Image Dios nos está enseñando que no hemos caminado en  completa integridad dentro del Cuerpo de Cristo. Como Ministerio hemos llegado a un tope.  El crecimiento numérico ahora no es como la rápida expansión que experimentamos en el pasado.
Las finanzas son relativamente limitadas en contraste a los tiempos cuando Verbo fue conocida como una iglesia muy próspera.

Creo que estos indicadores dicen, en parte, que no hemos manejado bien
todos los recursos Dios nos ha dado,

Mas importante es el hecho que no hemos discernido correctamente el Cuerpo de Cristo.
  •   Hay contiendas entre nosotros.
  •   Hay falta de perdón.
  •   Hay falta de unidad en cuanto a dirección, doctrina, y misión.

    Dios no puede bendecirnos, enviando nuevas personas a nuestras iglesias  o más dinero para nuevos proyectos cuando nuestro testimonio y ejemplo no refleja el deseo de Jesús:   que sus discípulos se amen y que estén unidos.
                
El nos enseña en Efesios 4:1-6, Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados: con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor; procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como habéis sido llamados a una sola esperanza de vuestro llamamiento. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, quien es sobre todos, a través de todos y en todos.   

      En Filipenses 2:1-4, el apóstol Pablo dice, Por tanto, si hay algún aliento en Cristo; si hay algún incentivo en el amor; si hay alguna comunión en el Espíritu; si hay algún afecto profundo y alguna compasión, completad mi gozo a fin de que penséis de la misma manera, teniendo el mismo amor, unánimes, pensando en una misma cosa. No hagáis nada por rivalidad ni por vanagloria, sino estimad humildemente a los demás como superiores a vosotros mismos; no considerando cada cual solamente los intereses propios, sino considerando cada uno también los intereses de los demás.
        
        El lugar de la bendición de Dios está donde los hermanos caminan en armonía, como dice Salmo 133, He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía! Es como el buen aceite sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío del Hermón que desciende sobre los montes de Sión; porque allá enviará Jehovah bendición y vida eterna.

            La solución del Señor para rectificar las fallas en nuestro caminar ministerial está en efectuar un serio examen de nuestros motivos, actuaciones, actitudes, para con los otros. Aunque el contexto es la Santa Cena, se puede captar de una lectura de1 Corintios 11: 29-32 que debemos cultivar corazones espiritualmente limpios para no caer en juicio: Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe, no discerniendo el cuerpo, juicio come y bebe para sí. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y debilitados, y muchos duermen. Pero si nos examináramos bien a nosotros mismos, no se nos juzgaría. Pero siendo juzgados, somos disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Tenemos que discernir correctamente el Cuerpo de Cristo para recibir todo lo que Dios tiene para nosotros como individuos y Ministerio.

Discernir el cuerpo:

Discernir quiere decir determinar la calidad de alguien o algo, juzgar, entender lo que algo representa.

El primer discernimiento
es que somos parte del Cuerpo de Cristo. El Cuerpo no es un término descriptivo, es una realidad que quienes somos en Jesús.

Romanos 12:5  así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros.

1ª. Corintios 12:13-14  Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no consiste de un solo miembro, sino de muchos.

1ª. Corintios 12:24-25  Porque nuestros miembros más honrosos no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen los unos por los otros.

Efesios 5:29-30  Porque nadie aborreció jamás a su propio cuerpo; más bien, lo sustenta y lo cuida, tal como Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
            
El segundo discernimiento  es que debemos entender que antes Dios no nos reclamaba por nuestra falta de entendimiento porque todavía éramos como niños en nuestra apreciación de sus propósitos. Pero ahora quiere que sepamos que está preparando una novia que va a formar un solo cuerpo con su Hijo Amado, y que toda la trayectoria de la historia está yendo hacia el gran momento de las bodas del Cordero y el establecimiento de una nueva creación.

    Una vez que entendemos la verdadera naturaleza del Cuerpo de Cristo, tenemos que examinarnos para ver si estamos o no cumpliendo con nuestro deber de dar nuestras vidas por los hermanos, de estimarlos mejores que nosotros mismos, de llevar sus cargas y todas las otras obligaciones que la Biblia nos enseña como miembros en particular de Jesús.

        Salmo 139:23-24 nos orienta a pedirle a Dios que nos ayude discernir lo que está en nuestros corazones, porque son engañosos: Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno.
        Lamentaciones 3:40  Examinemos nuestros caminos; investiguémoslos, y volvamos a Jehovah.

        Debemos desear que Dios nos limpie de todo pecado y mala actitud,  como oró el Rey David en  el Salmo 139: Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí… Quita mi pecado con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.
    
    Dios responde a nuestras peticiones cuando son para formar el carácter de su Hijo en nosotros: Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu firme dentro de mí. No me eches de tu presencia, ni quites de mí tu Santo Espíritu. Devuélveme el gozo de tu salvación, y un espíritu generoso me sustente.
        
    Porque el gran problema es no discernir correctamente el Cuerpo de Cristo, o sea, el hecho que somos miembros los unos de los otros, una vez que sabemos que tenemos dificultades en nuestras relaciones con otros, ya sea en la familia o en la iglesia, es tiempo de tomar pasos prácticos: Muchas veces son roces, desilusiones, expectativas no realizadas, sentimientos lesionados, etc., que causan separaciones entre hermanos.

Heb 12:15  Mirad bien que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brote y cause estorbo, y que por ella muchos sean contaminados;

Eph 4:31  Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos y calumnia, junto con toda maldad.

       Mateo 5:22-24: Pero yo os digo que todo el que se enoja con su hermano será culpable en el juicio. Cualquiera que le llama a su hermano 'necio' será culpable ante el Sanedrín; y cualquiera que le llama 'fatuo' será expuesto al infierno de fuego. "Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda.       

       Mateo 18:15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve, amonéstale a solas entre tú y él. Si él te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no escucha, toma aún contigo uno o dos, para que todo asunto conste según la boca de dos o tres testigos. Y si él no les hace caso a ellos, dilo a la iglesia; y si no hace caso a la iglesia, tenlo por gentil y publicano.

Una Vez que hayamos tomado los pasos necesarios de arrepentirnos de todo lo que estorba nuestro caminar con los hermanos, y hayamos limpiado nuestras relaciones con ellos, estaremos listos para una restauración de las bendiciones que Dios desde antes preparó nosotros.

 
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